Este fin de semana, Cruz Pérez Cuéllar dedicó su momento de “presencia pública” a repartir croquetas en un tianguis de Chihuahua. Sí, croquetas. Y ni eso logró prender una chispa de atención. Mientras otros gobernantes participan de actos con contenido —o al menos con relevancia simbólica— él escenifica para la galería sin sustancia. Ese es el nivel político que ofrece hoy: selfies banales en lugar de decisiones que duelan (o que aclamen).
No apareció en el informe de Sheinbaum: prefirió un escenario trivial, sin programa ni discurso serio. Eso sintetiza su estrategia: producir imágenes para que hablen por él, sin dejar méritos reales a los que opositores y ciudadanos puedan aferrarse. Su ambición queda clara: aspira a la gubernatura, levanta giras, confirma señales. Pero ¿qué ha hecho con Juárez? Inseguridad disparada, comunidades olvidadas, denuncias de corrupción— más de una decena ya sin avance visible. Aun entre simpatizantes de Morena se murmura: “le dieron croquetas al pueblo”. Cruz ha pasado de ser alcalde aspiracionista a maestro del espectáculo inane.
Lo que hace falta es gobernar, no entretener. Si no puede cumplir con lo mínimo que ya le toca: seguridad, servicios, rendición de cuentas, no tiene derecho a soñar más alto. Que no venga disfrazado de candidato serio si sigue actando de payaso político. La política sin propósito no es estrategia; es circo.
¡LOTERÍAAAAAAAAAA!
